ABSIDE nichos hoguera ritual hoguera ritual piedra soporte piedra capitel flanco izquierdo flanco derecho pilastra exenta pilastra 11 pilastra 10 pilastra 9 pilastra 8 pilastra 7 pilastra 6 pilastra 5 (tipo taula) pilastra 4 pilastra 3 pilastra 2 pilastra 1 brazo brazo fachada umbral dintel

Taulas.

Las taulas son los santuarios talayóticos exclusivos de Menorca. Junto con los grandiosos templos de Malta, las Taulas menorquinas son quizás las expresiones más vistosas de la prehistoria del Mediterráneo.
Yacimientos:

Que las taulas eran edificios de culto o santuarios apenas nos quedaban dudas tras unas serie de excavaciones en la segunda mitad de este siglo (aunque la primera vez que se propuso esta funcionalidad fue en el estudio de la arqueóloga inglesa Margaret Murray tras la excavación, entre otras, de la taula de Trepucó hacia 1930). Por ejemplo, en el recinto de la taula del poblado de Torre d'en Gaumés se encontró una figurilla de bronce egipcia, de Imhotep, frecuentemente asociado a dotes curativas. Más fogosa fue la controversia sobre el techo de los recintos de las taulas: mucha gente defendía que la taula en sí era una estructura hecha para sostener el techo. Hoy en día, la mayoría de los expertos defienden que eran construcciones sin techo, aunque todavía algunos arqueólogos importantes defienden que pudieron estar techadas, al menos parcialmente.

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Recinto de taula típico, con los elementos principales que nos solemos encontrar en los santuarios. Pasa el ratón sobre los distintos elementos para identificarlos. NOTA: EN ALGUNOS NAVEGADORES NO SALE ESTA IMAGEN. EN TAL CASO, INTENTE SOLUCIONARLO DANDOLE AL BOTON DE "REFRESCAR" O "RECARGAR" DE SU NAVEGADOR. Si no se soluciona, puede pinchar aquí para ver la imagen sin interactividad, y aquí para verla con letreros explicativos.

El recinto de las taulas, que es el santuario propiamente dicho, tiene una serie de características típicas, aunque a veces hay excepciones. El recinto exterior suele estar cerrado por un muro ciclópeo; tiene forma de herradura, y suele tener una fachada cóncava, con una sola entrada. En ambos extremos de la fachada, ésta puede sobresalir ligeramente, formando los brazos. La entrada tiene una losa en el suelo, el umbral, sendas pilastras laterales monolíticas, y un dintel que la enmarca por la parte superior. Ya en el interior nos encontramos la taula, cerca del centro del recinto, que consiste en una gran losa rectangular vertical, llamada piedra soporte, con otra gran losa rectangular puesta encima, a modo de mesa, llamada piedra capitel. El conjunto puede tener hasta 5 m. de altura. La piedra soporte tiene otras piedras planas más bajas, más o menos alineadas con ella, clavadas en el suelo a ambos lados. Estos conjuntos se llaman flancos. Hacia el lado izquierdo (si nos ponemos de espaldas a la taula y mirando hacia la entrada) de la taula hay una pilastra sola, coronada por una piedra plana, a modo de capitel, llamada pilastra exenta.

Pegadas a las paredes interiores del recinto, nos encontramos un número variable (aprox. una docena) de pilastras cuya altura sobresale de la de la pared del recinto, también coronadas por capiteles. Estas pilastras dividen el perímetro del recinto en capillas, muchas de las cuales tienen pequeños nichos insertados en la pared. Una de las pilastras, en el lado derecho de la taula y por detrás de ella, tiene forma de taula, por ser más ancha que las demás y tener una piedra capitel casi como si fuese una taula. Se le llama pilastra tipo taula. En muchas ocasiones, el espacio interior del recinto está escalonado en varios niveles, descendiendo ligeramente desde el ábside hacia la entrada, y hay otros bloques de piedra rectangulares que servían como altares. Tambien nos encontramos varias zonas delimitadas para grandes hogueras rituales, así como hoyos que eran utilizados como vertederos, para arrojar los huesos de los animales sacrificados y consumidos durante la práctica de los rituales.

Es interesante resaltar el simbolismo que muestra el conjunto central del santuario, no sólo la taula. Aparte del predominio de ésta sobre el resto del recinto, por su tamaño, su forma y su posición central, podemos verla como una parte de un "trío majestuoso." Así, la taula está acompañada a su izquierda (mirando desde ésta hacia la entrada del santuario) por una pilastra que, al contrario que las demás, no está pegada a las paredes del recinto. A la derecha de la taula y ligeramente más atrás, nos encontramos con la pilastra tipo taula, que se distingue morfológicamente de las demás pilastras, asemejándose muchísimo a la taula misma. Este interesante trío nos muestra que, sea lo que sea lo que simboliza la taula, ésta tiene un acompañante (la pilastra exenta), y un sucesor (la pilastra-taula).

Conviene aclarar aquí que, en la literatura especializada, hay cierto desacuerdo en cuanto a las nomenclaturas. Actualmente, la mayoría sostienen que debemos llamar "taula" al recinto entero, y "monumento central" a las dos piedras que se asemejan a una mesa. Aquí he optado, para poder describir más características, por llamar "santuario" al recinto entero, "taula" a las dos piedras centrales, y "monumento central" al conjunto que forman la "taula" y sus dos flancos, incluída la pilastra exenta.

Durante mucho tiempo, la función de los santuarios de taula menorquines fue un misterio. Entre otras teorías, parecía especialmente atractiva la de que eran observatorios astronómicos, como es el caso de Stonehenge y otros círculos de piedras. Incluso recientemente ha habido un estudio que, mediante fotografía aérea y planimetrías exactas, abunda sobre las alineaciones de las pilastras, taulas, etc., (aunque pecando de un número ingente de errores y de hipótesis frágiles) con diversos fenómenos astronómicos. Sin embargo, a medida que crece el volumen de literatura en el tema de la arqueoastronomía, empieza a verse una pauta clara en la relación entre las sociedades de la antigüedad y las estrellas: la razón inicial de las observaciones astronómicas era para intentar crear un calendario fiable con el que pudieran regir sus vidas, como por ejemplo, fijando la fecha de la siembra. (También es razonable pensar que, más adelante, la obtención y custodia de los conocimientos astronómicos tuviera como fin el mantenimiento de un estatus privilegiado de los iniciados en ello, fueran sacerdotes, chamanes o cualquier otro título.) El caso es que la dificultad de establecer un calendario estriba en que el año básico consiste de 13 lunas de 28 días, y nos da como resultado un año de 364 días. Esto conllevaría que, en unos pocos años, las fechas se hubieran desfasado con el calendario real, de modo que la fecha de la siembra caería a principios de invierno, quedando inservible. La mayoría de las culturas fueron resolviendo esto, no sin dificultad, ajustándose al año solar (365,25 días). Hoy en día resolvemos la parte decimal del día (0,25) añadiendo un día cada cuatro años (año bisiesto).

Pero ahora sabemos que la sociedad talayótica a duras penas practicó la agricultura (salvo en fases ya muy tardías). El eje sobre el que giraba la economía era la ganadería, lo que hace que no sea imprescindible contar con un calendario exacto relacionado con los ciclos agrícolas. Se puede argumentar que el pastoreo también está afectado por el paso de las estaciones pero, desde luego, la exactitud no es tan crítica. A menudo los pastores practican la transhumancia, llevando a sus ganados a lugares donde sigue habiendo pastos durante la época estival. Pero las fechas de esa transhumancia no tienen por qué ser precisas y, de hecho, en años especialmente secos, se podrían adelantar esas transhumancias, y también se podrían retrasar mientras hubiera pastos frescos tras una primavera especialmente lluviosa.

Es por esto que la idea de los santuarios de taula como observatorios astronómicos, aunque sea muy cautivadora, no está fundamentada en una necesidad real de la sociedad talayótica. Esto no quiere decir que, dada su compleja estructura, en estos recintos se pudiera comprobar la llegada, por ejemplo de los solsticios con un margen de error de diez días más o diez días menos, lo que les hubiera proporcionado, de sobra, la precisión que necesitaban.

Finalmente, y manteniendo el tema de las orientaciones de estos recintos, el arqueólogo Javier Aramburu-Zabala ha expuesto recientemente la teoría de su alineación a otros monumentos cercanos, como parece ser que ocurre con muchísima frecuencia. Y, de hecho, el fenómeno de las alineaciones entre unos y otros monumentos re repite hasta la saciedad en las diferentes culturas prehistóricas, incluso con más frecuencia que las alineaciones dictadas por los astros. Así que es más realista pensar que la orientación de una taula está relacionada con un talayot cercano (u otro monumento); y que esta relación estuviera plasmada por ejemplo, por una procesión ritual entre ambos.


Ver el primer santuario